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La colección de cerámica popular vasca reunida durante estos años por Félix Murga está compuesta de 160 piezas que hacen referencia a los diferentes ámbitos de la vida rural (labores del campo, ritos religiosos, tareas del hogar …etc). 
Las piezas hechas en barro cocido y en su mayoría esmaltadas, fueron realizadas según antiguas técnicas artesanales transmitidas desde el siglo XVIII de padres a hijos y progresivamente abandonadas con la aparición de los procesos industriales y los nuevos materiales.

Los elementos y técnicas utilizadas por los antiguos alfareros consistían en: primero se procedía a la extracción de la tierra blanca y roja que era mezclada en proporciones variables, después se procedía a su picado y machacado, para pasar a incorporar agua con objeto de obtener el barro el cual debía ser pisado y sobado antes de pasar por el torno donde se moldeaban las piezas.

Una vez torneadas se impermeabilizaban utilizando técnicas de vidriado o esmaltado siendo este úlimo el más habitual en la alfarería vasca (en ocasiones se decoraban). Finalmente se preparaba el horno para su cocción.

Existen múltiples referencias de esta tradición en la historia del País Vasco (Durango siglo XVI, Estella siglo XIII) siendo uno de los alfares más antiguo el de Ullibarri de los Olleros, mencionado en un documento del año 871.

Enrique Ibabe en “Notas sobre cerámica popular vasca” censa en más de cincuenta centros alfareros, destacando los alaveses por su mayor tradición alfarera en cuanto a su antigudad y a su notable producción.

Los estudios de los diferentes alfares alaveses demuestran que existía una gran interrelación entre ellos, matrimonios entre familias de alfareros, desplazamientos de una a otra ollería …etc.

Por otra parte en los mercados se comercializaban utensilios procedentes de otras provincias, lo que dificulta precisar la autoría de muchas de las piezas encontradas en el País Vasco.

Este museo recoge objetos fabricados por las familias alfareras más representativas de Álava, cuyos últimos descendientes (José Ortiz de Zárate, Federico Garmenda, Nicolás Aguirrebeitia) reconocieron e identificaron personalmente las piezas elaboradas por sus abuelos, padres y aquellas que ellos mismos realizaron antes de la Guerra Civil y hasta los años 70.

Federico Garmendia, nacido en Elosu trabajó junto a Fructuoso Fernandez de Larrinoa (cuyo torno a sido cedido a este museo por su nieto José Antonio), pasando ambos a Salvatierra y posteriormente a Narvaja. Sus pezas destacan por el característico y tono amarillo obtenido por el engobe con esmalte transparente compuesto de plomo, arena y alcohol mineral de Linares.

Nicolás Aguirrebeitia, por su parte trabajó en Ullíbarri Gamboa hasta 1957 cuando la alfarería familiar fue cubierta por las aguas del embalse del Zadorra. Allí los Aguirrebeitia tenian uno de los hornos más gandes del País Vasco, con una capacidad de hasta 80.000 piezas.

Otro de los hornos destacables es precisamente el de José Ortiz de Zárate que se encuentra en el centro alfarero de Ollerías en Elosu, en la actualidad restaurado y transformado en Museo.

Estos tres, Nicolás Aguirrebeitia 1925, Federico Garmendia 1922 y José Ortiz de Zarate 1913, con Gregorio Aramendi de Cegama, son los últimos alfareros del País Vasco.

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AZTARNA-nº07